Hace más de tres años comencé a construir un proyecto que ha ido creciendo con mi trabajo como docente y con las experiencias de mis estudiantes. Su primera forma fue un repositorio: un lugar donde reunir los materiales que necesitaban quienes iban llegando al semillero de investigación que dirigía.
La necesidad era concreta. Si alguien quería consultar cómo funcionaba un sensor, cómo conectar un actuador o cómo utilizar un componente electrónico, debía poder encontrar esa información sin esperar a que yo le enviara un archivo o estuviera disponible para explicárselo nuevamente. Quería que los materiales les permitieran retomar una práctica, resolver dudas y seguir explorando con mayor autonomía.
También quería conservar lo que íbamos construyendo. Que cada nuevo grupo encontrara un punto de partida y pudiera aportar algo para quienes llegaran después.
Con el tiempo vimos que esos recursos podían estar más cerca: en el celular, junto a los componentes, disponibles mientras se hacía un montaje. Así tomó forma la idea de una aplicación que permitiera consultar información y avanzar mediante pequeñas metas y proyectos.
Detrás de esa idea había una manera de trabajar que veníamos desarrollando en el semillero. Comenzábamos con miniproyectos para conocer los componentes y explorar sus posibilidades. Explicábamos su funcionamiento, revisábamos las conexiones, construíamos, programábamos y probábamos. Los estudiantes reproducían los montajes y los adaptaban en equipo, con acompañamiento y apoyo entre compañeros.
A partir de esa experiencia práctica, los orientábamos a identificar problemas de su entorno y proponer posibles soluciones. La exploración y la construcción de prototipos precedían a la formulación escrita: cuando llegaba el momento de organizar el proyecto en un documento, ya tenían decisiones, pruebas y preguntas sobre las cuales trabajar.
Ese recorrido quedó documentado en nuestro artículo sobre formación temprana en investigación en ingeniería. Allí recogimos la transición desde ejercicios técnicos guiados hasta proyectos de investigación formativa desarrollados por equipos de estudiantes. De los 35 estudiantes registrados en el periodo analizado, 19 participaron al menos una vez en espacios académicos para presentar y compartir su trabajo.
Detrás de esas cifras hubo equipos que se reorganizaron, ideas que cambiaron y propuestas que necesitaron replantearse. También hubo estudiantes con más experiencia que acompañaron a quienes apenas comenzaban. El proceso tuvo avances, interrupciones y ajustes, como suele ocurrir cuando se construye con personas, con tiempos distintos y con recursos limitados.
Otra necesidad fue encontrar cómo realizar las prácticas sin tener siempre un laboratorio a disposición. Diseñamos una arquitectura para experimentar con poco presupuesto y aplicar lo que íbamos aprendiendo. De ese trabajo nació el libro Mesa STEM: diseño e implementación de entornos educativos interactivos.
El repositorio, la aplicación y el libro fueron tomando forma a medida que encontrábamos necesidades y buscábamos cómo resolverlas. Cada uno conserva una parte del trabajo realizado y permite ponerla al alcance de otras personas.
Mis estudiantes han sido fundamentales en ese recorrido. Su participación, sus preguntas y la ilusión con la que asumían los proyectos dieron motivos para seguir trabajando. Muchas de las decisiones que tomé surgieron al acompañarlos: una explicación que necesitaba más claridad, una práctica que convenía dividir en pasos más pequeños o un material que hacía falta tener a mano.
Mientras ellos aprendían a construir, yo seguía aprendiendo a enseñar.
Hoy comparto Mesa STEAM, disponible para Android, como parte de ese proceso. Allí he venido reuniendo proyectos guiados, información sobre componentes y recursos para aprender electrónica, programación y robótica mediante la práctica.
Sigo trabajando intensamente en ella. Hay contenidos por ampliar, funciones por mejorar y nuevas ideas por desarrollar. También estoy incorporando los cambios que me sugieren quienes la utilizan, porque sus experiencias ayudan a reconocer lo que funciona y lo que todavía necesita atención.
Publicarla significa poner a disposición de otros un trabajo que durante años ha acompañado mi labor docente. Es poder decir: así lo hicimos nosotros; esto construimos y esto podemos compartir.
En nuestro contexto logramos pasar de pequeñas prácticas a proyectos de los estudiantes y llevar parte de ese trabajo a espacios donde pudieron presentarlo y discutirlo con otras personas. Esa experiencia merece quedar disponible para quien encuentre en ella una posibilidad para comenzar o continuar su propio proceso.
Por eso comparto la aplicación con respeto por el trabajo de otros docentes, por las preguntas de quienes están aprendiendo y por las condiciones diferentes en las que cada persona enseña y estudia. Ojalá encuentres una explicación que necesites, una práctica que puedas adaptar o una idea que te anime a construir algo propio.
Yo sigo trabajando, aprendiendo y comenzando cosas nuevas. Y me alegra poder dejar al alcance de otros lo que hemos construido hasta aquí.